Congresista se salió de la “marcha del silencio” por excesiva violencia

La reciente “Marcha del Silencio”, convocada en Colombia para clamar por la paz y el cese de la violencia, pone en entredicho la pureza de sus intenciones. El representante a la Cámara Juan Carlos Losada, quien acudió al llamado motivado por su amistad con Miguel Uribe y su compromiso con la erradicación de la violencia política, se vio forzado a abandonar la movilización ante una realidad inaceptable: la presencia de “varias personas vestidas de camuflado con banderas de Israel”. Su valiente postura desnudó la contradicción de marchar por la paz al lado de símbolos asociados, para muchos, con un conflicto que hoy desangra al mundo.

La posición de Losada es una crítica contundente y sin ambages. “No podemos marchar al lado de quienes apoyan el genocidio de Israel, que ya cobra más de 55 mil vidas”, sentenció, en referencia directa a la devastadora situación en Gaza. Para el congresista, es una hipocresía flagrante que una manifestación que se precia de buscar la paz en Colombia permita la exhibición de símbolos de un país al que se acusa de ser “el centro de toda violencia en el mundo” en la actualidad. Su rechazo va más allá de lo político: es un imperativo moral, una incompatibilidad fundamental entre el llamado a la concordia y el apoyo a lo que considera una barbarie.

La denuncia de Losada resalta cómo las agendas políticas y las sensibilidades internacionales pueden permear y desvirtuar el propósito de movilizaciones aparentemente unificadoras. No es la primera vez que la bandera de Israel aparece en marchas de oposición en Colombia, lo que subraya una tendencia de ciertos sectores a importar conflictos externos y utilizarlos como símbolos de identidad política, incluso si contradicen el mensaje central del evento.

Finalmente, la postura de Juan Carlos Losada se convierte en un llamado a la coherencia en un mundo sumido en el caos. En un clima de escalada global de la violencia, su voz resuena como un recordatorio de que la verdadera paz es indivisible y no puede construirse sobre la base de la contradicción o el apoyo tácito a la guerra en otras latitudes. Su acto de apartarse de la marcha, lejos de ser un gesto de división, fue una declaración de principios: la paz en Colombia, y en el planeta, exige una alineación inequívoca con la no violencia y el respeto a la vida, sin importar dónde ocurra el sufrimiento.

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