La reciente “Marcha del Silencio”, convocada en Colombia para clamar por la paz y el cese de la violencia, pone en entredicho la pureza de sus intenciones. El representante a la Cámara Juan Carlos Losada, quien acudió al llamado motivado por su amistad con Miguel Uribe y su compromiso con la erradicación de la violencia política, se vio forzado a abandonar la movilización ante una realidad inaceptable: la presencia de “varias personas vestidas de camuflado con banderas de Israel”. Su valiente postura desnudó la contradicción de marchar por la paz al lado de símbolos asociados, para muchos, con un conflicto que hoy desangra al mundo.