La Alcaldía de Medellín, bajo el mando de Federico Gutiérrez, ha presumido de contar con el presupuesto más alto en la historia de la ciudad para el 2025: una cifra récord de $10.96 billones de pesos. Esta cuantiosa suma se ha presentado como la panacea para todos los males, la promesa de una Medellín renovada y próspera.
Sin embargo, para un creciente número de ciudadanos, la realidad dista mucho de los anuncios. La prometida “lluvia de inversiones y nuevas obras” simplemente no se materializa de manera evidente en las calles, dejando un profundo escepticismo y una pregunta incómoda flotando en el ambiente: ¿dónde está ese dinero?
La percepción de la ausencia de obras es especialmente irritante si se considera la reciente imposición de la “Tasa Especial de Seguridad y Convivencia Ciudadana”, un nuevo impuesto departamental que recae directamente sobre los medellinenses. La paradoja es si la ciudad cuenta con un presupuesto histórico para inversión social e infraestructura, ¿por qué se necesita exprimir aún más el bolsillo de los ciudadanos con un tributo adicional para la seguridad?
La crítica es que la carga económica aumenta, pero el retorno en forma de mejoras tangibles no aparece por ningún lado. Es una ecuación que no cuadra para el ciudadano de a pie.
En Medellín no se ve una sola obra; tienen el presupuesto más alto de la historia y aparte nos impusieron un nuevo impuesto “para la seguridad”. Tampoco les alcanza? https://t.co/UDqIaLNOO6
— Albert Corredor (@AlbertCorredor) June 17, 2025
Mientras la administración municipal anuncia una vasta cantidad de “frentes de trabajo” proyectados y miles de millones para infraestructura física, la cotidianidad de Medellín no refleja esa magnitud de intervención. Las promesas de megacolegios, nuevas vías y grandes parques parecen quedar en el papel o en fases iniciales que resultan invisibles. La Alcaldía, que aseguró estar “poniendo en orden la casa” en 2024 para luego ejecutar el grueso de las obras en 2025, parece estar fallando en la traducción de sus planes a la realidad de la ciudad.
Medellín enfrenta el deterioro del transporte público, con un metro colapsado y obras que avanzan a paso de tortuga. Mientras tanto, @FicoGutierrez parece más interesado en su agenda personal que en resolver los problemas reales de la ciudad. ¿Qué pasó con las promesas de cambio?… pic.twitter.com/urCiyPnXw1
— Elizabeth Ortíz (@ElizbethCristi7) October 22, 2024
Este escenario de un presupuesto récord con una ejecución de obras que pasa desapercibida, sumado a un nuevo impuesto, alimenta una crítica contundente contra la gestión de Federico Gutiérrez. La ciudadanía se siente atrapada entre la expectativa de grandes inversiones y la dura realidad de una carga tributaria creciente, sin ver el beneficio prometido en su entorno. La confianza en la gestión pública se erosiona cuando la abundancia de recursos no se traduce con la celeridad y la eficiencia esperada en bienestar y desarrollo visible. La sensación predominante es que, a pesar de los billones anunciados, a la ciudad “tampoco le alcanza” o, peor aún, que los recursos no están llegando a donde deberían, dejando a Medellín con una gran promesa y una inquietante falta de resultados palpables.





